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En marzo de 2020 llegó a Venezuela el coronavirus y con esto el confinamiento. A partir de allí, el país comenzó a experimentar una nueva modalidad de trabajo desde los hogares. Algunas empresas, por voluntad propia y en consenso con el empleado, han definido algunas tareas a realizar bajo esta modalidad.

Pese a la deficiencia en algunos servicios como Internet, energía eléctrica y la falta de regulación jurídica (no se han establecido los mecanismos necesarios para su control y seguimiento), los trabajadores se adentraron en esta modalidad que  ha derivado en diversos problemas, uno de ellos las patologías y/o problemas físicos debido a la escasa o nula prevención de riesgos laborales que se han llevado a cabo en los hogares.

Muchas empresas de Punto Fijo, al declararse el estado de alarma, enviaron a sus empleados a teletrabajar a sus casas, algunos de ellos con el material de la oficina y otros  con sus propios equipos. Esta forma de trabajar, en la que no se valoraba la luz, el tipo de escritorio, la pantalla del ordenador, la silla en la que se iban a realizar las labores, entre otros, ha derivado en que muchos de estos trabajadores tengan, varios meses después, problemas visuales, cervicales, lumbares y neurológicos debido a la nula prevención de riesgos.

Se  realizó una encuesta y consultó a trabajadores de Punto Fijo que aún se está dedicando al teletrabajo y especialistas de la medicina quienes explicaron sobre las patologías provocadas por esta modalidad que surgió como alternativa para mantener actividades productivas con la protección frente a la COVID-19.

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