Nota de Prensa

En tiempos tan precarios como los que estamos viviendo; en medio de pandemia, crisis económica, falta de combustible, la desesperación de ver nuestro dinero  convertido en “sal y agua” donde quedamos boquiabiertos al observar como el producto de nuestro trabajo -ni siquiera nos permite afirmar que estamos sobreviviendo-  allí, en ese instante, hace su aparición el héroe de los héroes, el más zuliano de todos: El Plátano.

Sí, el héroe, porque vaya como ha salvado este agradable y amable miembro del reino vegetal, a cientos de miles y millones de familias en toda Venezuela, gracias a su poder nutricional.  
El plátano destaca por su riqueza en hidratos de carbono, especialmente azúcares cuando este es maduro. Así, se trata de una fuente de energía rápida.

No obstante, pese a lo que se cree, el plátano no engorda, puesto que la presencia de grasas es mínima. De hecho, se trata de un buen complemento para deportistas, ya que permite recuperar nutrientes tras períodos de alto rendimiento.

Por otro lado, es una buena fuente de fibra que ayuda a combatir el estreñimiento y regula el tránsito intestinal. El plátano es rico en potasio, que ayuda al buen funcionamiento del sistema nervioso y regula la presión arterial. Esto, combinado con los antioxidantes que se encuentran en las vitaminas C y E hacen que se trate de un alimento que protege el corazón. Asimismo, los efectos antioxidantes y la riqueza en fibra ayudan a prevenir distintos tipos de cáncer.

Valor nutricional (por cada 100 gramos):
Calorías: 94 kcal                                       Magnesio: 38 mg
Potasio: 350 mg                                        Fibra: 3,4 g
Fósforo: 28 mg                                          Hierro: 0,6 g
Proteínas: 1,2 g                                         Hidratos de carbono: 20 g
Grasas: 0,3 g

El plátano es una fruta, además de ser una de las primeras plantas que se domesticó; de hecho, se cultiva desde hace 10 mil años en tiempos del Neolítico. En la Edad de Piedra, nuestros ancestros la solían plantar a partir de los retoños rizoma.

Existen variaciones locales y hoy en día podemos ver hasta 500 variedades distintas de plátanos. El plátano salvaje es una planta de la jungla llamada “Musa acuminata” la cual suele contener semillas de gran dureza, lo que hace que no sea comestible.

El plátano o banana apta para el consumo humano, tal y como la conocemos, procede del sureste de Asia, en concreto se cree que de una planta -por una mutación-  produjo plátanos sin semillas hace unos 2 mil años. Este tipo de mutación hizo que los plátanos tuviesen tres copias de cada cromosoma; en vez de dos, que es lo común. Las plantas del plátano se reproducen por cortes, no por semillas, siendo todas las plantas del plátano casi clones de sus antepasados y cuentan con poca variedad genética. 

El origen de la platanera es el sudeste de Asia, aunque el cultivo comercial se inicia en las Islas Canarias de España, lugar donde continúa produciéndose. Desde su área de origen inicia un largo camino hacia todas las regiones tropicales y subtropicales del mundo.

Las primeras noticias sobre esta especie se remontan, a los dibujos existentes en las antiguas ruinas del monumento javanés a Buda, levantado en Bordodur en el año 850 a. C. Se conoce en el Mediterráneo desde el año 650 d. C. La especie llegó a Canarias en el siglo XV y desde allí fue llevado a América en 1516.

Los cultivares selectos sólo se introdujeron en las islas a comienzos del siglo XIX. El cultivo comercial comienza en Canarias, a fines del siglo XIX y durante parte del siglo XX.
Actualmente, la producción mundial es de 58 millones de toneladas y los principales países productores son los de Sudamérica, América Central y Asia. 

 Ciertamente, en estos tiempos tan difíciles, los hogares zulianos se han convertido en literales inventores de alimentos para “estirar” el presupuesto familiar; y allí el plátano asume papel protagónico; tanto así, que se ha convertido en el “salvador” de muchas familias  –a pesar de que muchos comerciantes lo han querido convertir en “caviar”- con los continuos aumentos de precio. He aquí en lo que este peculiar y versátil fruto se puede convertir en nuestras mesas:

 Yoyos: derivación de la torta de plátano. Plátano maduro frito, relleno de queso y jamón. Rebozado; y luego operado, es decir, abierto. Relleno luego con repollo, salsa de tomate, mayonesa y mostaza y -a gusto del comensal- pollo, carne mechada, pernil y el infaltable queso de mano. Típicamente un desayuno.

Torta de plátano: Eterno acompañante de los almuerzos de familia. Capas de plátano maduro fritas, rellenas con queso semiduro rallado, mantequilla en algunos casos panela o papelón, armado en un molde a la manera del pasticho -entre capas huevo batido-. Se termina con abundante queso. 

 Patacón: Tajadas de plátano verde, fritas, aplastadas y luego refritas, rellenas con guiso de pollo, carne mechada, pernil, queso, vegetales y salsas. Un sándwich hecho a la manera del Zulia. 

 Conserva de maduro: La dulzura del plátano maduro concha negra se lleva a la paila con azúcar, clavo, canela y malagueta para una conserva olorosa y llena de sabor. Horas de cocción y de paleta hacen de esta una suave delicia espectacular para el final de la comida

Mandoca: Maíz, especias, queso y mucho plátano maduro -concha negra- hacen de ella un clásico del desayuno, que acompañado del queso palmita o de mano resultan en el desayuno perfecto.

Y los zulianos, le damos gracias a Dios, por la bendición que representa el plátano en nuestra cotidianidad; fruto salvador de las familias del Estado platanero por excelencia.

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