Danilo González Castillo

Quise comenzar con este primer artículo ya que se ha denotado como últimamente la lucha por una igualdad de género y tener una sociedad más inclusiva, se ha convertido en una aparente batalla entre géneros, distorsionando la imagen del enemigo, colocando una barrera entre los hombres y las mujeres, dejando al olvido que es una disputa que debemos realizar juntos como sociedad a los fines de mejorar nuestras costumbres sociales para un futuro mejor para todos.

Es por ello que si este artículo tratara sobre completar la oración, seguramente muchas personas la terminarían el “Que machistas son…” con las palabras “…los hombres”, sin embargo, es un buen momento para reflexionar sobre lo que ha significado durante muchos años el machismo y la conducta patriarcal en la sociedad. Ya que, si escudriñamos el significado de la palabra machismo por parte de la Real Academia Española nos encontramos con que esto significa “actitud consistente en considerar al hombre superior a la mujer”, mientras que la misma Academia define el patriarcado como “organización social en que ejerce la autoridad un varón, jefe de cada familia y de todo el linaje”.

De todo ello, debemos viajar a través de la historia hasta las antiguas tribus Israelíes donde los jefes recibían el título de “Patriarcas”, siendo éstos los hombres que tenían la potestad de decisión sobre todos los miembros de su tribu, tal como se refleja en varios pasajes del Antiguo Testamento. Sin ánimos de realizar señalamientos, es imperante rememorar que América Latina posee una influencia directa del Imperio Español a raíz del polémico encuentro entre los dos mundos, reflejándose en nuestras culturas y sobre todo en afianzar la religión como una guía sobre el comportamiento que “deberían” tener los hombres y las mujeres dentro de la sociedad.

Ahora bien, las sociedades a raíz de todo lo anterior expuesto han creado cánones de comportamiento para cada rol, asignándole la tarea de educar y criar a los hijos a la mujer, es decir el rol reproductivo de la sociedad, mientras que se le ha asignado la tarea de trabajar en la calle y proveer de alimentos a su familia al hombre, o sea el rol productivo, lo cual se ha venido dando desde hace muchos años, es por lo que todos tenemos hoy en día manías y creencias insertas en nuestro comportamiento por parte de nuestras madres.

Ante esto, vemos como a diario es muy común escuchar a una madre decir “él es hombre, él no tiene por qué limpiar” o “ella es una niña, no tiene por qué ver juegos de fútbol, eso es de hombres”, entre otras oraciones con similares contenidos que irradian el resultado de años de historia de una sociedad arropada por la conducta machista y patriarcal, apoyada actualmente en las mismas mujeres, llegando incluso a poseer el lenguaje entre las féminas de hoy mayor contenido machista que el de los hombre.

Con esto no quiero indicar o exponer que la violencia contra la mujer o la disparidad de oportunidades en razón al género sea culpa de la mujer, pero si en muchas ocasiones las conductas violentas contra la mujer son justificadas y hasta apoyadas por una mujer, bien sea la madre del agresor, la hermana del agresor y hasta la misma victima; todo ello por venir arrastrando por décadas ése pensamiento machista y patriarcal.

Es entonces, el momento de reflexionar sobre la crianza que debemos mantener ambos padres sobre nuestros hijos, para que de ésta manera exista una real igualdad entre los géneros, acabar con el machismo sin caer en el feminismo para consolidar una sociedad más realista donde veamos jefes y jefas de familia, sobre todo en Venezuela donde la gran mayorías de la familias son lideradas por mujeres, madres solteras en pleno ejercicio de un matriarcado.

Todo esto, sin olvidar que ningún extremo es favorable para el bien común, es decir, debemos avanzar en nuestro pensar y dejar atrás las preconcepciones machistas utilizadas para crear los roles de crianza en casa, pero sin caer en el feminismo extremo que nos lleva a enfrentarnos en una “guerra de los sexos”, recordando en todo momento que el fin de los avances sociales se centra en el bien común, en lo cual es referencia lo anunciado por Santo Tomas De Aquino, como el bien supremo de la comunidad (bonum commune). Es momento de crear un futuro mejor, haciendo los cimientos en el presente al momento de criar hombres y mujeres alejados de los cánones sexistas preestablecidos por los años, y apegados al respeto hacia el prójimo sin importar su género.

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