Danilo González Castillo

Al hablar de violencia contra la mujer es común escuchar entre las personas algunas interrogantes como ¿Por qué siempre lo perdona? ¿Por qué no lo deja? ¿Por qué no denuncia los ataques? ¿Cómo permitió que las cosas llegaran a ese punto?, incluso es fácil juzgar o señalar a la víctima antes que al mismo agresor, es por ello que hoy vamos a intentar escudriñar en lo que significa ser víctima de violencia de género.

Ante esto, debemos entender ¿Qué es el ciclo de violencia? Concepto éste que nace en el año 1979 de los estudios realizados por la reconocida psicóloga americana Leonore Walker, quien de sus investigaciones pudo traer a la luz la manera de comprender cómo funcionan los procesos de victimización a partir de los testimonios de sus pacientes víctimas de violencia, creando el tan nombrado Ciclo de Violencia y fragmentando el mismo en cuatro fases: Fase de Calma (la primera fase, donde no se detectan desacuerdos y el convivir se desarrolla de manera idílica.

Al pasar el tiempo la victima adapta su comportamiento a las exigencias del agresor con el fin de extender ésta fase), Fase de Acumulación de Tensión (segunda fase y la que comúnmente es la que se extiende por más tiempo en el ciclo, ya que el agresor se siente desafiado por la victima de manera constante con el comportamiento de la última, desarrollándose las primeras agresiones como sutiles menosprecios, insinuaciones, ira contenida, sarcasmo, largos silencios, demandas irracionales; con el objetivo de desestabilizar a la víctima), Fase de Explosión (tercera fase, que consiste en fuertes explosiones que se expresan en agresiones físicas y/o sexuales que instauras serias alteraciones psicológicas por la situación vivida, que hacen aparecer las sensaciones de culpa y crecer expectativas de cambio de la víctima hacia su agresor), Fase de Luna de Miel (cuarta  y última fase, siendo al principio la responsable de que la víctima se quede encerrada dentro de éste ciclo, ya que el comportamiento del agresor se desborda en atenciones, cumplidos y regalos, llegando incluso a buscar intervención de terceros con el fin de demostrar un falso arrepentimiento; sin embargo, al pasar los años esta fase suele desaparecer del ciclo).

Partiendo de esto, vemos entonces que el proceso de victimización con el que carga a cuesta una mujer víctima de violencia no es algo que nace de la noche a la mañana, sino que son situaciones que de forma puntual y aisladas van creciendo paulatinamente en el trascurrir de la relación afectiva, dejándolas inmersas en un ciclo en donde no logran ver la gravedad de la situación real, hasta pasar muchas veces por mismo ciclo.

En ese mismo orden de ideas, es necesario mencionar otros factores que influyen en el proceso de victimización y que empujan a la mujer a mantenerse dentro del ciclo de violencia, como son la Victimización Secundaria (que es la violencia ejercida por los organismos de seguridad y atención del estado, al momento de minimizar o subestimar los casos de violencia cuando las victimas acuden a denunciar y/o solicitar asistencia por parte de dichos organismos), y la Victimización Terciaria (que es el resultado de los señalamientos, burlas y minimización que puede encontrar la victima al momento de denunciar la violencia vivida, por parte de la sociedad, amigos y/o familiar, llegando estos incluso a ignorarla o señalarla como culpable de todo).

Esto, acorrala a la víctima en un laberinto sin salida por sentirse indefensa y sin apoyo alguno, hundiéndola aún más dentro del ciclo de violencia y potencializando su proceso de victimización, llegando algunos psicólogos familiares a asemejar esto con el síndrome de la indefensión aprendida, que de cierta manera es inducido por todos los factores externos que se suman a la violencia directa ejercida por el agresor.

Ante todo esto, llegamos prácticamente a la misma conclusión, que es la necesidad de educarnos como sociedad en pleno, comprender que el problema de la violencia contra la mujer es un dificultad para nuestro crecimiento en todos los ámbitos de la vida, razón por la cual es momento de tomar conciencia de éste problema y alzar la voz, comprender que no es un chiste ni motivo de señalamiento, así que no solo tú como víctima debes alzar la voz, sino todos los que seamos testigos de actos de violencia tenemos la obligación social y moral, primeramente de acercarnos a ese víctima para expresar nuestro apoyo, servir como esa mano amiga necesaria para levantarse y salir del ciclo de violencia, para que levante la voz y denuncia a su agresor; de lo contrario, es entonces nuestra obligación denunciar para que estos actos de violencia se detengan y tengamos una sociedad de paz, de igualdad e inclusión.

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