Artículo de opinión

Abierta la campaña electoral para las elecciones regionales del 21N, este 28 de octubre, Enrique Márquez, Vicepresidente del Consejo Nacional Electoral de Venezuela (CNE), informó, la instalación mil puntos en el país para que el ciudadano pueda familiarizarse con la votación, este evento es parte de la gestión de la oficina de la Comisión de Participación Política y Financiamiento, (COPAFI) adscrita al CNE. 

A escasos días para realizarse los comicios, el ente encargado de la promoción de la participación ciudadana en estas elecciones pretende educar a la población en un sistema por demás arduo y complejo.  El mismo funcionario, admite en anteriores declaraciones el reto que constituye en tan breve tiempo, alfabetizar a la población con la información de la oferta electoral y el uso de las máquinas de votación. Utiliza como eufemismo la palabra “navegar” por el sistema de votación, como si conocer las opciones que le presenta el sistema al elector fuera un acto de exploración lúdica y de entretenimiento, sobre todo en un contexto donde las normas de bioseguridad aconsejan reducir en lo posible la exposición de las personas en espacios donde se “aspira” o “espera” una alta concurrencia.

El sistema, permite la opción de seleccionar los candidatos de preferencia del elector según el cargo en el que se postulan, sin embargo, el despliegue de las ventanas de opciones, tiende a confundir la percepción del lector, quien para poder manejarse con eficacia deberá desplegar varios menús hasta poder hallar la opción que sea de su agrado. Esto favorece el voto por partido que se estima su duración en 20 segundos aproximadamente, mientras que la opción de selección nominal amerita 8 veces más tiempo, siempre y cuando el votante tenga un dominio aceptable de alfabetización tecnológica. Esto excluye de la posibilidad de ejercer el voto cruzado a amplios sectores de la población, cuya vulnerabilidad social ha impedido que, entre otras cosas, pueda acceder al uso de las tecnologías de la información y comunicación.

Tanto las fuerzas democráticas participantes en los comicios, como el oficialismo, participan en un acuerdo electoral, donde tienen en común el secuestro de la voluntad de los ciudadanos para elegir de forma consciente sus representantes y legisladores. Ambas tendencias favorecen el voto entubado, a través de la selección de las tarjetas de los partidos, e impiden que el elector pueda conocer a cabalidad la oferta electoral que se esconde detrás de la percepción corporativa de las tarjetas por partidos. Este ha sido el típico mecanismo que el oficialismo ha implementado para permanecer en el poder, elección tras elección, en los últimos 20 años. Las fuerzas opositoras, sucumbieron ante esta modalidad del régimen autoritario, y hoy se convierten en cómplices de esta dictadura disfrazada de democracia.

La conquista de espacios de poder a lo largo del territorio nacional, luego de abortadas todas las luchas de resistencia activa, indica que la forma de avanzar hacia la recuperación del país pasa por generar el empoderamiento del ciudadano bajo una cultura política que lo acerque a las instancias de toma de decisiones en el espacio local y le permita mayor interacción con sus representantes. Esta demanda, que está presente en la mayoría de los países desarrollados y aquellos que en esa vía apuestan a generar mecanismos de poder local, que permita entre otras cosas, disminuir la brecha que separa a los gobernantes y la población para ejercer la contraloría social y producir proyectos consensuados de sociedad. Mientras los liderazgos se solapen bajo la figura simbólica de los partidos, degastados por demás ante la ausencia de una política que integre los intereses de todos los venezolanos, estaremos a merced del régimen y sin esperanzas de una oposición que nos convide a un proyecto de país, donde los intereses del ciudadano sean su fin y no sus medios para acceder al poder.
 

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