Lester Toledo

Así quedó Nicolás Maduro, luego de consumar el fraude del 6D.

Y fueron todos los hambrientos del país, esos mismos que fueron amenazados con no comer si no votaban, fueron ellos los que se ocuparon de deslegitimar aún más a Nicolás, a Diosdado, que los amenazó, y a todos los que se prestaron a la comparsa electoral, incluidos a todos los del régimen, a los alacranes y a los disfrazados de oposición que se prestaron para llevar adelante la sucia jugada.

Se trató de la protesta cívica más silenciosa y al mismo tiempo más apoteósica y estruendosa que el pueblo venezolano ha dado en toda su historia de lucha en contra de esta dictadura.

Con su silencio y su inacción, Venezuela le gritó al usurpador su rotundo rechazo y hartazgo por estos 21 años de deterioro, de fracaso, anarquía, autoritarismo, represión, corrupción, crímenes, delitos, caos y muerte.

A esta manifestación de rechazo se sumó la Organización de Estados Americanos, el Grupo de Lima, el Parlamento Europeo y decenas de naciones demócratas que decidieron levantar la voz para dejar en evidencia la chapuza electoral montada por el régimen para perpetuarse en el poder.

Hasta Diosdado hizo su aporte para deslegitimar a su amigo Nicolás, cuando soltó la nefasta y criminal amenaza al electorado de que “no habrá comida para el que no vote”.

Es que el proceso era rápido decía con sonrisa nerviosa y poco convencida la señora Cilia, pero la verdad ya era conocida por Venezuela y el mundo, que la ausencia de los centros de votación, no era por rápido, sino que los ciudadanos se cansaron de las amenazas y de que los estuvieran arreando cuál borregos, y se rebelaron en contra del dictador.

También la sustituta de Tibisay Lucena, Indira Alfonzo, se sumó a la fiesta de la deslegitimación del régimen, al retrasar unos resultados que ya eran evidentes, al intentar maquillar la más que inmensa e histórica abstención e inflar los votos, todo de una forma vulgar y descarada.

Para intentar justificar esta inmensa abstención, o lo que es lo mismo, el firme y rotundo rechazo del pueblo venezolano a Maduro, Alfonzo, al mejor estilo de Tibisay, soltó la infeliz frase: “Ha triunfado la paz”. Pues claro que triunfó la paz, señora Indira, pero por lo inhóspito y solitario del proceso, porque nadie acudió a votar, porque nadie creyó en esta burla y porque absteniéndose, el venezolano ejerció su derecho a protestar.

El 6D los venezolanos dieron otra demostración de resistencia. La abstención ratificó que la inmensa mayoría se niega a hacerse cómplice de esta narco dictadura que tiene secuestrados todos sus derechos.

A esta histórica abstención, a las amenazas, a la coacción, la deslegitimación de Nicolás Maduro encontró su punto más álgido con la masiva participación de venezolanos a favor de la Consulta Popular, el mecanismo de expresión constitucional puesto en marcha desde el pasado 7D y que se ha constituido en la gran oportunidad para contrastar el fraude del 6D y demostrar que somos mayoría los que queremos el cambio en Venezuela.

Y unidos, el pueblo venezolano, la legítima Asamblea Nacional, la oposición y el Gobierno interino, es que lograremos presionar para eliminar todos los obstáculos a la participación política para que se lleve a cabo un proceso electoral real que respete de manera el mandato constitucional del parlamento elegido democráticamente, que se devuelva el control de los partidos políticos a sus administradores legítimos, que se produzca el cese de la inhabilitación y el enjuiciamiento de los líderes políticos, la libertad de los presos políticos, que haya igualdad política, con garantías de participación, con una actualización integral del padrón electoral y un árbitro electoral independiente y equilibrado.

Ahora bien, esta lucha contra el ilegítimo debe continuar, no podemos desmayar, debemos seguir y no rendirnos hasta alcanzar la libertad. Juntos debemos seguir exigiendo justicia y la actuación de la comunidad internacional en este mismo propósito.

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