Francisco Arias Cárdenas

Esta semana pasada murió en el Zulia un hombre bueno. Un ser humano digno, amante de su pueblo, exitoso. Lo saben los pobladores del Municipio Jesús Enrique Lossada, donde fue alcalde por tres períodos consecutivos desde 1995 hasta 2008  y luego durante el período 2013 – 2017. Lo saben los productores, lo saben sus alumnos de La Universidad del Zulia, donde se desempeñó como docente en la Facultad de Agronomía. Ingeniero con dilatada trayectoria en Pastos y Forrajes Tropicales. 

Lo sabemos quiénes lo apreciamos y supimos de su entrega constante a la vida y a la gente. Lo sabe y lo siente especialmente su familia, sus hijos, quienes lo acompañaron y recibieron de él su enseñanza y su ejemplo. 

Sin donativos del Estado, con su trabajo, con dedicación, construyó y manejó su agroindustria. Buscando ayudar a los propios productores, sorteando dificultades, pasando sobre alcabalas oficiales y no oficiales de todo tipo, no paró de producir, de crear riqueza con sentido social. Inventando a cada momento.

El rebaño de Lossada y la comida de su pueblo como un aliciente y como un incentivo. Resolver, ayudar, desesperado por el sufrimiento de los demás y compartiendo. Hombres buenos son revolucionarios, hombres trabajadores, son revolucionarios. Por eso, sin duda alguna podemos decir que nos enseñó en la práctica el bolivariano y amigo, hermano qué debemos ser. 

Más que decirlo, más que consignas, la tarea diaria de Mario nos mostró que pueden hacerse las cosas para el servicio de la gente noble y buena de La Concepción, de la Paz, del Laberinto, donde  entre otros proyectos impulso la ganadería de leche tropical.

Eso es para siempre la imagen de Don Mario Urdaneta. Una vida ejemplar, sin duda alguna. Un ser humano sensible del dolor ajeno en toda la extensión de la palabra. Lo van a recordar siempre los niños del vertedero de La Concepción.

Lo van a recordar bien los que sintieron su mano en el trabajo de las vialidades agrícolas. Los que supieron cómo se las ingenió para traer alimentos desde cualquier lugar, a todo riesgo, para aliviar el hambre de su pueblo.

Un político ejemplar. Lo recuerdo muchas veces con su maletín de cuero y sus proyectos, siempre pisando tierra, siempre con soluciones. Sin probar un bocado en los desayunos de trabajo.

Y luego ver por mí  mismo cómo multiplicaba kilómetros de asfalto en las carreteras con el mínimo apoyo. Dios le de paz al alma de Mario Urdaneta.

Permita que disfrute junto a él de la paz celestial que se ganó con tantas inquietudes y tanto trabajo por el pueblo de Jesús Enrique Lossada, que siente el vacío de su partida cuando tenía tanto por hacer.

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