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De todas las definiciones que se han formulado acerca del perdón destaco dos versiones, una terapéutica y una religiosa. La primera concibe al perdón como una decisión, la decisión de dejar ir el dolor, una liberación de la carga de dolor que llevamos dentro, transformando conductas destructivas en conductas positivas. Y en segundo lugar, el perdón como la mejor expresión del amor, perdonar desde lo profundo del corazón y ofrecer perdón a quienes nos han ofendido o lastimado para liberarnos del resentimiento y prepararnos a celebrar la Misericordia de Dios.

Cuando nos hacen daño, la primera reacción que asumimos es ir contra de quien nos lo hizo; lo que no medimos, ni tomamos conciencia es el daño que nos hacemos al no perdonar. Porque al no perdonar reeditamos de forma continua el dolor, detenemos el proceso de cicatrización de esa herida y abrimos la puerta a la negatividad. Cada vez que piensas en vengarte, la herida vuelve a abrirse y el dolor revive.

Algunos psicólogos consideran que perdonar no solo implica dejar a un lado el rencor y las conductas destructivas dirigidas contra el ofensor, sino que incluye la transformación a conductas positivas. Si decides perdonar con compromiso y determinación, lograrás modificar, en consecuencia, los sentimientos hacia el ofensor.

El perdón no es un acto único, es un proceso que vas librando por etapas, por eso, en psicología, hablamos de las etapas del perdón:

Etapa 1: Reconoce el daño que te han infringido. Analiza lo que te ha ocurrido, reconoce y acepta ese dolor. Intenta distanciarte de las emociones y de la forma más objetiva, trata de entender las motivaciones de quien te causó el daño. La intención con este ejercicio es que puedas construir un puente de empatía hacia la otra persona, entendiendo la empatía como la base para el perdón.

Etapa 2: Elige perdonar. El perdón siempre será la mejor decisión. Y para ilustrar este punto me quiero valer de la metáfora del anzuelo del reconocido psicólogo Steven Hayes, según la cual, quien nos hizo daño nos clavó en un anzuelo haciéndonos sentir un gran dolor.

La reacción primaria es querer darle a esa persona lo que se merece, hacerle sentir lo mismo y meterle a él en el mismo anzuelo, que sufra lo mismo que nosotros. Si nos esforzamos en clavarle a él en el anzuelo, lo haremos teniendo muy presente el daño que nos ha hecho y cómo duele estar en el mismo anzuelo donde él nos ha metido. Pero resulta que mientras lo intentamos, nos estamos quedando enganchados dentro del anzuelo. Si consiguiéramos meterlo en ese anzuelo, estaríamos enganchados en el mismo dolor y lo tendríamos justo entre nosotros y la punta, por lo que para poder liberarte tendrías que sacarlo antes a él.

Entonces la venganza no se consumaría, porque él se libraría primero del dolor.

Eso pasa cuando nos envenenamos el alma con la venganza, porque la venganza es tan negativa que afecta y distorsiona los valores. De allí que la mejor opción y decisión es perdonar, en otras palabras, el perdón es el antídoto contra la venganza.

Etapa 3: No te dejes arrastrar por la ira. El perdón no anula los sentimientos de rabia, de ira o de venganza, porque el problema no es tener esos sentimientos o pensamientos, sino dejarse arrastrar por ellos. Corresponde aceptar el dolor, comprender lo sucedido y comprometerse a imponer los valores por encima de los sentimientos destructivos.

Etapa 4: Si elegiste perdonar, es preciso aceptar. La aceptación es un proceso que finalmente lleva al cambio; pero hay que tener en cuenta que su objetivo no es el fin del sufrimiento, sino el compromiso con los valores y tu fortalecimiento.

Etapa 5: Protégete. El perdón no es un escudo que te protegerá del peligro de que ocurra de nuevo el ataque, pero sí para prevenirte. En el proceso de comprender lo ocurrido es importante que detectes los indicios que te alertaron de algún peligro, esto te dará mayores posibilidades de evitar una ofensa o una agresión en el futuro.

Entonces recapitulemos. El proceso del perdón ¿es terapéutico?, Si; ¿Te sentirás reconciliado con la vida al perdonar?, Si; ¿Es un signo de debilidad?, No; ¿Con ello olvidas el dolor?, No. Lo fundamental del perdón es que es tu decisión de ser feliz y de liberarte de las cargas negativas que tanto duelen y pesan sobre tus hombros.

Sin duda que el paso para perdonar y ser perdonado es intrincado y doloroso, pero no necesariamente debes transitarlo solo, un consejo oportuno, una orientación adecuada, siempre te darán el soporte para salir fortalecido de esta importante y liberadora decisión. Decide perdonar y decide ser feliz.

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