Msc. Danilo González Castillo

El matrimonio infantil es una práctica que se ha venido desarrollando durante años y a pesar de que se han efectuado múltiples protestas en el mundo, aún existen lugares donde esto es una realidad, sabemos que al leer este tipo de tópicos inmediatamente nuestra mente piensa en lugares como Mozambique, Uganda, Etiopía, lugares remotos en el continente africano o asiático; pero la realidad es que son prácticas que suceden en todo el mundo, ya que hay estudios donde se refleja que las niñas de los hogares más pobres tienen hasta un 300% más de posibilidades de contraer matrimonio antes de la mayoría de edad; casi lo mismo ocurre entre las zonas rurales y urbanas del mundo, donde las posibilidades se duplican.

En nuestro país, de acuerdo al Código Civil Venezolano en su artículo 46, se establece que “...No pueden contraer válidamente matrimonio la mujer que no haya cumplido catorce (14) años de edad y el varón que no haya cumplido dieciséis (16) años…”, exponiendo además en su artículo 59 que para contraer matrimonio los menores deberán contar con la autorización de sus padres, tutores o representantes legales; reflejándose de ésta manera la incapacidad legal para obrar civilmente que posee el menor, al plasmar también en el artículo 19 del mismo Código que “…Es mayor de edad quien haya cumplido dieciocho (18) años. El mayor de edad es capaz para todos los actos de la vida civil…

Asimismo, teniendo todo esto claro de cierta manera, se refleja como legalmente los menores no poseen capacidad en nuestro país para hacer vida civil, es decir, carecen de consentimiento legal, razón por la cual para que exista un matrimonio infantil en Venezuela es necesaria la aprobación de los padres o representantes legales del menor. De igual manera sucede, cuando un menor de edad deseen incorporarse al ámbito laboral, éste debe contar no solamente con el visto bueno de sus padres, sino contar con la aprobación de las instituciones del Estado que deben velar por el bienestar del niño, niña y adolescente; siendo capaces de trabajar solo después de haber cumplido los 14 años de edad, tal como lo expresa la LOPNNA en su artículo 100.

En este sentido, todos éstos casos demuestran como el Estado Venezolano brinda protección legal al menor, ya que éstos por su corta edad se deben considerar como grupos vulnerables y no poseen la conciencia que la persona debe tener de los actos, así como los efectos producto de dichos actos.

Es en éste punto, donde viene a mi mente una situación que me llama poderosamente la razón, ya que al ver toda esta protección del Estado a favor de la vulnerabilidad del menor y regulando el matrimonio infantil de manera moderada; es incomprensible la forma como se describe el delito de Abuso Sexual en la prenombrada LOPNNA, al indicar en su artículo 260 que “…Quien realice actos sexuales con adolescente, contra su consentimiento, o participe en ellos, será penado o penada conforme el Artículo anterior…”; dejando de ésta manera abierta la posibilidad de que el menor pueda ahora hacer goce de su capacidad en todo su esplendor.

Ante esto, resulta imposible preguntarse ¿Tiene el menor capacidad para consentir un acto sexual pero no capacidad para trabajar? ¿Posee el menor la conciencia necesaria para entender las consecuencias de una relación sexual, pero no la de un empleo? ¿Posee el menor la capacidad legal para brindar su consentimiento si o no?; y es que este acto nos lleva incluso a pensar en un tema delicado como la Pedofilia, ya que basándonos en esto pudiera una persona de 40 años por ejemplo, tener relaciones sexuales con un menor de 12 años (adolescente) y no ser penado, si el menor dice haber estado de acuerdo.

Es importante destacar, que la pedofilia es una parafilia que consiste en que el sujeto siente atracción por menores, utilizando la premeditación, alevosía y ventaja  para estudiar a su víctima, conocer sus puntos débiles para trabajarla hasta que ésta se encuentre inmersa en su red, es por ello que no se puede flexibilizar la responsabilidad del estado y la sociedad de proteger a nuestros menores, ya que éstos son vulnerables y no poseen la capacidad necesaria para consentir un acto sexual. Es impropio creer que el emparejamiento precoz le sumara madurez mental, ya que la realidad es que le estamos restando tiempo a su niñez, a su adecuado desarrollo.

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