One Soto

Venezuela es, y por bastante, el único país en el mundo que ha practicado muchas de las formas eleccionarias posibles: para todos los niveles ejecutivos existentes (alcaldes, gobernadores, presidentes), para los consejos comunales y para los cuerpos legislativos (Concejos Municipales, Consejos Legislativos, Asamblea Nacional y Asamblea Nacional Constituyente). Pero, además, también se han activado referendos de diversos tipos: para revocar mandatos (presidentes, alcaldes o legisladores), para aprobar la Constitución (1999) o para modificarla (2007). Hasta hemos realizado elecciones para seleccionar candidatos de partidos políticos. Los propios opositores llegaron a montar una "consulta nacional e internacional" para tumbar a Maduro. A pesar de esto, estamos lejos de una verdadera posibilidad revolucionaria en lo político. Nos encontramos atascados en el sistema liberal burgués como si de verdad no existiera, no se quiera o no se creyera en otra alternativa. 

Tenemos una Asamblea Nacional policlasista, presa de las contradicciones propias del Estado burgués. A estas elecciones del 6 de diciembre llegamos con una de las peores crisis económicas (ya tenemos meses donde se contabiliza cero ingreso por venta de petróleo), con un cerco económico afincado en impedir toda posibilidad de cubrir las necesidades del pueblo, con un gobierno que ha mostrado ineficiencia en muchos aspectos, con una tolerancia a la corrupción insoportable y con la Asamblea Nacional más miserable de cuantas han podido parir historia republicana alguna. En medio de todo, el pueblo, los trabajadores y las trabajadoras sin salarios, el venezolano y la venezolana de a pie intentando sobrevivir cada día y a cada paso. 

La dirigencia política de AD, Primero Justicia y Voluntad Popular han maniobrado bastardamente para alentar a los EEUU en una guerra feroz contra nosotros que no todo el mundo entiende, pero todos sí sentimos sus estragos. Esta táctica de querer "destruir" al gobierno con la idea de que así se acabaría solo con el gobierno, se ha llevado a cabo más allá de los límites democráticos: homicidios selectivos, guarimbas asesinas, quema de personas, despojo de nuestras riquezas en el extranjero, asociación entre países para realizar maniobras jurídicas inéditas en la historia de la política internacional. Por su parte, no se puede negar que el gobierno ha guerreado contra la mayor confabulación internacional que se haya preparado para derrocar a gobierno alguno. Estrategias de menor calibre lograron acabar con gobiernos como el de Manuel Zelaya en Honduras (2009), con el de Fernando Lugo en Paraguay (2012), con el de Dilma Rousseff en Brasil (2016) y, más recientemente, con el de Evo Morales en Bolivia (2019). Así que no menospreciamos la batalla heroica de gran parte del pueblo venezolano y del mismo gobierno para contener y repeler cuanto ataque nos han perpetrado. Sin embargo, tampoco es menos cierto, que puertas adentro, el gobierno de Maduro se atrinchera, no es tolerante con la crítica, no tiene más estrategias que poner un ministro hoy aquí y mañana para allá, presentar programas (sobre todo el ámbito económico) con nombres resonantes que pronto desaparecen… y entregar bonos de cuando en cuando. A todas estas, a pesar de contar en dos oportunidades con una clara mayoría parlamentaria en la AN, poco se ha avanzado para desmontar el Estado burgués, dar auténtico poder al pueblo, trasladar (de modo innegociable) más competencias a la gente o poner a los obreros y obreras a la cabeza de nuestras industrias nacionales. Necesitamos medidas realmente revolucionarias que ponga más pueblo a la cabeza de la revolución y que este deje de ser un comodín de campaña. 

Para estas elecciones del 6 de diciembre, el PCV decide asumir candidaturas propias no porque quiera enfrentarse al gobierno nacional de modo gratuito. Lo hace porque nos encontramos en una encrucijada histórica. Es evidente que "El golpe de timón" de Chávez no se produce. Lo que nace no termina de nacer y lo que muere no termina de morir. El gobierno nacional solo encuentra como salida a esta guerra que nos han impuesto desde afuera aliarse con la burguesía (la de siempre y la que ha surgido amparada en estos años de chavismo). Nosotros, desde el PCV, desde la Alternativa Popular Revolucionaria, vemos que la salida es más poder popular. Más leyes en que los de abajo tengan el poder. No somos una "izquierda infantil". Conocemos las presiones, las limitaciones y las amenazas materiales a las que estamos sometidos. Pero solo será con más, mejor organización comunal, con más y mejor actuación de la gente en sus localidades, con más poder al tejido social y principalmente con mas y mejor organización y lucha consciente de la clase trabajadora y no a estructuras de control partidista. Solo con eso podremos impedir que el derrumbe nos alcance. Por eso hoy estamos luchando por una Asamblea Nacional para el pueblo, pero de verdad y en serio.

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