Jenny La Rotta Morán

La gratitud es un valor tan o más poderoso que el perdón. Es la virtud que nos hace reconocer todo lo que hemos recibido.

Es tal su impacto en el bienestar del ser humano, que se ha demostrado que la falta de gratitud en la vida se relaciona con la apatía y la depresión. Aquellas personas que se sienten infelices no son capaces de encontrar motivos para agradecer en su día a día, solo se enfocan en el lamento y la queja. Por el contrario, aquellas que agradecen se llenan de un estado mental positivo y feliz. Se trata de una conducta psicosocial que favorece el flujo de emociones positivas, coloca en disposición de buscar soluciones a los conflictos en todos los ámbitos, SOCIAL, personal, así como en el aspecto laboral. Es una fortaleza ante la adversidad. En otras palabras, dar las gracias es una fuente de bienestar.

Su influjo favorece incluso en nuestro organismo, así lo demuestran estudios científicos como el desarrollado por el Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos, durante los años 2006 al 2009, mediante el cual se demostró que el agradecimiento impacta en el cuerpo de forma positiva.

Durante esos tres años se hicieron múltiples estudios, entre ellos examinaron el flujo sanguíneo en diversas áreas del cerebro de individuos que llevaron un diario de gratitud durante 30 días. En ellos, se registró mayor actividad en el hipotálamo, región del cerebro que controla funciones corporales como el apetito, la sed, el sueño, y que está relacionado con en el metabolismo y el estrés. Se observó también que se producía un aumento de los niveles de dopamina, un neurotransmisor responsable de sensaciones placenteras como motivación, curiosidad y creatividad.

Este estudio concluyó que la gratitud es capaz de mejorar la función cerebral, influir favorablemente en la autoestima, disminuir niveles de dolor físico, mejorar la calidad del sueño y ayuda a afrontar el estrés y las dificultades del día a día.

La gratitud es una fortaleza que nos centra en el presente, nos ayuda a superar la nostalgia por el pasado, y, al estar enfocados en el presente, contrarrestamos la angustia por el futuro.

Una definición que me encantó de mis lecturas acerca de la gratitud corresponde a Robert Emmons, uno de los investigadores más importantes del tema de la gratitud, según él la define, esta virtud está ligada a «una sensación de asombro, agradecimiento y aprecio por la vida». Y es así, la gratitud hace más grande el gozo y la alegría.

Sentirse agradecido es sentirse bien sin que haya ocurrido nada especial. Es reconocer lo que se ha logrado. El que tiene por hábito de vida agradecer, no da como un hecho todo lo que posee, sino que se da cuenta que podría no tenerlo, y eso lo ayuda a sentirse optimista y bien consigo mismo.

Una buena noticia es que la gratitud es una fortaleza, pero también una habilidad que puedes desarrollar practicando unos minutos al día.

Te invito a dar un primer paso y hacer ejercicios sencillos que te permitirán sentir los beneficios de agradecer:

Escribe en un papel los nombres de las personas por quienes sientes agradecimiento, puedes escribirle una carta, e incluso ir más allá, enviar un mail, un mensaje a su móvil, o contactar telefónicamente a esa persona con la que hace mucho no hablas, pero a quienes tienes mucho que agradecer.

Otro ejercicio es preguntarte: ¿De qué puedo estar agradecido hoy?

Pregúntate cada día las razones que tienes para agradecer y permítete sentir esa energía positiva. Sencillamente, agradece y sé feliz. Esta es mi reflexión de hoy, si deseas conocer más del tema, conocer a profundidad las dimensiones de la gratitud, e incluso aprender a agradecer, contáctame y con gusto te orientaré. Ahora me toca a mí agradecerte por tu atención y por seguirme en mis redes.

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