Francisco Arias Cárdenas

El pueblo nuestro, sencillo, sufriente, se ha dado una otra oportunidad para superar, por la vía de la participación  constitucional,  las graves dificultades que lo aquejan. 

Sobre el pesimismo y la frustración, las amenazas y la desesperanza, millones salieron a votar para escoger una nueva Asamblea Nacional. El juego al fracaso de la elección, los repetidos llamados a la abstención, sin duda que afectaron la participación. Sin embargo, en medio de todas estas circunstancias, la decisión de los venezolanos que asistieron a la votación, avalado el hecho por veedores de muchos países, tiene valor y fuerza para la existencia y el ejercicio del  nuevo parlamento que se instala en enero próximo.

Órgano de apoyo, de equilibrio en el ejercicio de gobierno con una fuerza extraordinaria tiene el cuerpo colegiado que es la Asamblea Nacional: Controlar, aprobar leyes, evaluar gestión, convalidar acuerdos y tratados, presupuestos, validar representantes internacionales. Sin fin de tareas esenciales para el funcionamiento del Estado.

Los nuevos diputados están obligados por la misma  ley constitucional para asumir esas tareas con entrega, con dedicación plena y limpia consciencia. No hay tiempo ni se justifican cálculos personales, vislumbrar espacios para trepar y obtener privilegios, personales o grupales. Es obligatorio pensar y sentir el país, el ciudadano, que cada parlamentario ha percibido en la calle, que  ha oído de su propio  pueblo.

En este ejercicio impecable de sus responsabilidades, es como ayudará la nueva asamblea para levantarnos de la postración a que nos han llevado acciones erradas e inconsciencia política, entreguismo de sectores apátridas, bloqueos, sanciones internacionales de quienes no tienen autoridad moral y un poco también nuestros propios  errores.

Dedicación plena requiere el momento, entrega a nuestras responsabilidades. Sin cálculos distintos al interés del colectivo nacional. Una oportunidad que no puede engolosinarnos de poder  sino obligarnos a la labor que permita validar esta esperanza de nuestra gente.

Compromiso, unidad, consciencia, humildad, agradecimiento. Condiciones esenciales para asumir la nueva batalla, a la que nos da la confianza el pueblo, para ser partes de una tarea titánica que tiene el gobierno todo,  para lograr estabilidad y paz, levantar las condiciones de trabajo, de ingreso de vida mejor para los venezolanos.

Frente a esta consciencia y disposición de la nueva Asamblea, de los venezolanos, van a quedarse como aullidos solitarios  de nuevo, los gritos y la amenazas que desde el norte y desde la frontera de occidente hacen desesperados y enloquecidos los derrotados por su propia necedad e inconsciencia, los amos imperiales en decadencia y sus acólitos criollos incapaces de la aceptar sus equivocaciones, de consecuencias tan graves para la nación, incapaces para la  rectificación, para aprovechar la oportunidad que  a la que nos llama a  todos la voluntad pacífica y democrática de Venezuela entera.

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