Francisco J. Arias Cárdenas

Después de los eventos de las últimas semanas, la manifestación de la gente sana y llana, el venezolano común que milita en el PSUV, me parece obligante hacer alguna reflexión.

Primero decir que el proceso interno fue una manifestación democrática que no han hecho antes ni ahora otros partidos políticos, por lo  que no hay manera, de  que alguien de fuera emita juicios de valor sobre una iniciativa tan novedosa y democrática en su esencia. Lo segundo es que el proceso, como todo lo humano, siempre mejorable, siempre corregible, ha sido desde el punto de vista colectivo, un ejercicio positivo.

El PSUV es un organismo vivo. Con un desarrollo y un dinamismo que se ha venido ajustando a las circunstancias de la guerra, no política, sino de destrucción, impulsada por factores de la oposición nacional y sus conductores externos. Es un partido que no se doblega. Esto lo aprecian y respetan nuestros adversarios políticos.

Mi experiencia en la actividad de gobierno del Zulia para derrotar las guarimbas me lo demostró. Cómo detener a los cuadros que enardecidos querían como es lógico enfrentar a los violentos con sus mismas armas, cómo dosificar adecuadamente la intervención del partido, en tareas de recuperación de daños sin entorpecer las tareas de control correspondientes a los cuerpos de seguridad, que debían actuar también coordinados y preservando la vida de la gente.

La sincronía para la derrota de los violentos en el Zulia, con pérdidas materiales, pero con preservación de las vidas humanas, se logró porque tenemos un partido organizado.

Es nuestra obligación preservarlo, fortalecerlo de toda forma y estar inmersos en él para las batallas por la construcción de vida digna, de economía floreciente, después de la victoria sobre el bloqueo y la agresión.

En lo personal, la actividad de consultas telefónicas para la gobernación del Zulia, me reconcilió con mi fe en el partido y con el esfuerzo realizado para dignificar la vida los zulianos. Dije entonces que no tenía como agradecer y sentía que tenían justificación desvelos y angustias por seres humanos, más allá de los próximos de nuestra familia.

Las postulaciones y el resultado del 27 de junio, estando tan lejos por dos años y medio sin fuerza de gobierno, casi que espontáneas de la gente, dándonos la segunda opción para las primarias, enternecen el alma y nos obligan para servir, desde donde estemos, a los y las zulianas, con la tierra del relámpago, con la gente de la alegría del trabajo tesonero.

Siendo zuliano adoptado es inmensa la responsabilidad con ese cariño y con esa esperanza. El Partido decidió que eran otros los candidatos. Que yo debía permanecer en mi cargo de embajador. Acepte la decisión que tomó el partido. Y me sumé a la propuesta de Luis Caldera Morales como opción a la Gobernación del Zulia.

Llamé a Luis y conversamos sobre la necesidad  de una campaña de altura, con respeto, con propuestas para la recuperación del Lago construyendo el puerto fuera del estuario, para negociar la recuperación de la Ley de Asignaciones Económicas Especiales, para recuperar el manejo del carbón, para invertir directamente, con eficacia y honestidad,  una parte de lo que el Zulia produce para la nación, en educación, en salud, en salarios dignos para la gente de la esperanza y la fe que es el Zulia. Ayudar con iniciativas creativas, audaces, viables, la lucha a veces solitaria del Presidente Maduro por hacer surgir la nueva economía. Eso le transmití a quien estoy seguro, puede hacerlo.

Queda en las manos de hombres y mujeres del Zulia, la decisión del futuro del estado, donde viviré con los míos los años que me queden, donde están mis hijos y mis nietos.  Quiero que brille como el Catatumbo y vibre como la gaita. Decisión en manos de las zulianas y zulianos de bien.

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