Jenny La Rotta Morán

Como padres y como madres solemos ser muy duros con nosotros mismos. Al cuestionar nuestro rol, nos invaden preguntas como ¿Lo estoy haciendo bien? ¿Soy un buen padre? ¿Soy una buena madre? ¿Acaso fui muy dura con él? Nos presionamos para hacerlo todo perfecto, nos marcamos pautas y nos exigimos en demasía, y cuando no podemos cumplir con nuestras propias expectativas, nos reprochamos.

Y justamente ahí está el primer error: el imponernos expectativas excesivamente altas en nuestro rol de padres. ¿Qué te parece si las flexibilizamos y en vez de proponernos ser los perfectos padres, simplemente nos enfocamos en no hacerlo mal? Partiendo de este cambio de enfoque, tus inseguridades no te afectarán tanto y te sentirás más a gusto.

Todos los padres queremos que nuestros hijos sean emocionalmente felices, verlos triunfar en su vida y desarrollarse a plenitud. ¿Es una tarea fácil? No, no lo es. ¿Existen normas, y manuales para ello? No, no existen. Aunque sí hay muchos libros interesantes con algunas indicaciones sobre el tema.

Para formar a tus hijos con valores, debes comenzar a su más temprana edad, y de esta manera vas dejando tu huella, a través de las enseñanzas que les des, del ejemplo que reciben de ti, en los momentos que pasan juntos, lo que dices y la manera como tú actúas. Así, vas forjando su personalidad.

En razón de ello, comparto contigo ciertas reflexiones para que hagas conciencia de tus conductas habituales frente a tus hijos, reconozcas tus posibles errores y tengas la oportunidad de corregirlos. Recuerda que somos seres humanos imperfectos, que nos equivocamos, pero que, también, demostramos nuestro valor al levantarnos y enmendar nuestros errores.

No resuelvas sus problemas, ayúdalos a resolverlos. Si te invade la culpa al no poder dedicarles el tiempo que te agradaría porque tu horario de trabajo te lo impide, pues aprovecha cada minuto con ellos para conversar. Asegúrate de mantener una charla diaria, una conversación cercana, que te permita percibir sus temores y sentimientos. Evita los encierros en sus habitaciones y pon horarios para la televisión y los videojuegos.

Si te confiesan tener un problema, ofréceles estrategias y consejos para que lo hagan por sí mismos. Un paso vital en la formación de los hijos es lograr que estos se hagan responsables de sus propios asuntos;

Es importante proveerles los medios para que ellos afronten sus problemas cotidianos.

La sobreprotección deriva en personas inseguras, incapaces de tomar decisiones y de enfrentar las dificultades diarias, que no saben asumir las consecuencias de sus actos y con problemas de autoestima.

Con palabras amorosas, ofréceles autonomía. Y si se llegaran a equivocar, porque su decisión no fue la acertada, no los reprendas o castigues. (Analiza con ellos lo qué pasó)

Eso les enseña que, en la vida, también hay fracasos y frustraciones, de los cuales se debe aprender.
 

Comparte esta noticia