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El desgaste de la piel es una señal de la pérdida de colágeno y que ha iniciado el proceso de envejecimiento.

Si percibes que la piel pierde firmeza y elasticidad, no retiene la hidratación como antes, se torna opaca y además, comienzan a marcarse las líneas de expresión, es probable que esté llegando el temido envejecimiento.

El colágeno es una proteína que tiene como función mantener unidos los tejidos conectivos del cuerpo, incluido la piel.

Es una especie de pegamento que permite mantener unido el conjunto del cuerpo. Esta sustancia natural del cuerpo forma unas fibras que son las responsables de mantener firme y elástica la piel. Sin embargo, con el paso del tiempo, el cuerpo comienza a reducir su producción, y hace que la piel se estire, pierda brillo y lozanía, entre otro.

Expertos señalan que se estima que, sobre los 40 años, el cuerpo solo produce la mitad de colágeno que producía durante la adolescencia.

Naturaleza 

Aunque el envejecimiento es un proceso natural, también es cierto que con el tiempo la piel va cambiando y sus estructuras comienzan a tener cada vez menos resistencia, por lo que se debe cuidar para prevenir mayores daños.

Un aspecto clave en el desgaste de la piel es la indiscriminada exposición al sol, la contaminación ambiental, el frío, el viento, el cigarrillo, y los trasnochos, por ejemplo, que hacen que la piel pierda la capacidad de retener humedad.

De tal forma que los bordes de las células se doblan y el colágeno se desprende. Este tejido compacto se destruye debido a la deshidratación, provocando hundimientos o pérdidas de tejido, y esto se manifiesta en forma de arrugas.

Además, las moléculas del tejido cutáneo también pierden estabilidad como resultado del paso de los años. Algunos de sus átomos se transforman en radicales libres, y esto desencadena el proceso de desgaste de la piel, que altera la estructura de sus proteínas, colágeno y elastina.

El envejecimiento es un fenómeno biológico natural e ineludible que se inicia en el momento en que se consigue la madurez de los órganos y se logra el crecimiento total de los individuos, especialistas indican que ese momento se sitúa alrededor de los 21 años.

A partir de este instante, las células que mueren no se sustituyen, y aunque no se percibe a simple vista, va experimentando una pérdida paulatina de vitalidad.

Aunque como señalamos es un proceso natural, también influyen múltiples factores que aceleran el deterioro de las células, como el sobrepeso, una alimentación cargada de carbohidratos, el consumo de tabaco y alcohol, el estrés, la contaminación ambiental, un tratamiento de belleza inadecuado y hasta algunas causas genéticas.

Freno al desgaste 

– Limpiar el rostro al menos 2 veces al día. Indispensable hacerlo en la noche para eliminar todas las impurezas que acumuló la piel durante el día.

– Exfoliar la piel entre 2 a 3 veces por semana, para ayudar a tener la piel más limpia y suave.

– Usar tónico e hidratante para mantener la piel más sana y joven.

– Emplear bloqueador solar diariamente, aunque no te vayas s exponer directamente al sol, o el día esté nublado. Los rayos solares afectan en gran medida la piel, favorece la aparición de manchas y deshidrata la piel haciendo que salgan prematuramente líneas de expresión y arrugas.

– Incluir en la dieta alimentos con antioxidantes, éstos ayudan a combatir los radicales libres, es decir que ayudan a retrasar el envejecimiento prematuro

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